Hola!! Buenos días a todos! Perdón, a los que se hayan pasado a mirar y no vieron nada nuevo. La razón es que anduve un poco liada con trabajos, examenes y nervios. Y no encontré momento para subir nada nuevo. Pero hoy, justo a tiempo, el 1 de mayo, desde Formentera, les ofrezco como lectura, el tercer capitulo del desafio de vampiros. Espero que les guste, a mi no me convenció demasiado al final, pero creo que va bien. Ya me contarán que les parece (espero).
No sabía, ni se, cuanto tiempo pasé allí de pie, delante de la solitaria carretera, fuere el que fuere, pude pensar sobre lo sucedido. Debía buscar a ese...¿vampiro?. ¡Que ridícula me sentía pronunciando esa palabra!. Pero sí, debía buscarlo, para que él me explicara todo, estaba dispuesta a escuchar, pues sabía que algo extraño había pasado. Ya no era la misma, todo en mi había cambiado, mis sentidos, mi voz,...,todo. Sin embargo, mi mente, seguía siendo la misma y rehusaba a tomar la respuesta de Thomas por cierta. Me era imposible concebir esa realidad.
Me sentía débil, así que decidí volver a mi casa y comer. Más tarde emprendería la búsqueda de Thomas.
Bordee la carretera, refugiada entre los árboles (algo innecesario ya que no pasó ningún otro vehículo en todo el trayecto), hasta que me topé con el viejo camino de tierra que desemboca en mi casa, lo seguí y llegué hasta ella en pocos minutos. Me detuve en la porchada unos instantes, pensativa, mirando la profundidad del bosque, nuevamente envuelto por la húmeda niebla que le daba un aspecto más misterioso del que de por sí tenía. Tras coger la llave que guardaba en una regadera vacía, abrí la puerta y entré. Apenas crucé el umbral, un fuerte olor a fruta podrida me sacudió y me fui directa a la cocina, donde encontré dos naranjas, que levemente atacadas por los hongos, desprendían un olor increíblemente fuerte y desagradable. Las encerré en una bolsa de plástico que posteriormente tiré a la basura, mas en el aire permaneció, impasible, ese horrible hedor. No tenía ganas de cocinar, por lo que comí cereales y galletas, bebí agua y leche. Pero nada de eso calmó el hambre y la sed que sentía. Lo único que conseguí fue reforzar la inverosímil respuesta de Thomas.
Salí de la casa y caminé en la misma dirección que lo había hecho aquel día, buscando el lugar donde ocurrió todo. Deseaba ir más rápido, quería correr, pero cada vez estaba más cansada, a cada paso más débil. Cuando me sentí exhausta, a punto de desfallecer, me dejé caer sobre las hojas y llamé a Thomas. Mi voz desgarrada, llena de fuerza y rabia, atravesó el bosque, se perdió entre los arces y murió en un susurro desolado, se convirtió en un lamento, en un ruego.
Thomas me escuchó y vino, es más, me esperaba. Al verlo y casi con lágrimas en los ojos le imploré:
-¿Que me pasa Thomas? ¿Que ha sucedido? ¿Que...?
Mi voz se apagó, sin energía. Rendida, apoyé la cabeza en mis rodillas y me abracé a ellas, refugiada en mi misma, mientras escuchaba crujir las hojas a cada paso que Thomas daba hacía mi. Se sentó delante mio y sentí como cojía aire, disponiéndose a pronunciar unas palabras que yo no quería escuchar, que no quería aceptar.
-Ahora, eres una vampiro Alma. Y necesitas alimentarte. Esas son las únicas cosas que te deben preocupar ahora, te estás consumiendo. Ya encontraremos tiempo para las explicaciones.
Por el momento, solo sigue mis indicaciones y la primera de ellas es que me acompañes. Será todo muy sencillo.
Levanté la cabeza, atónita. Él me miró esperando respuesta, mas, lo único que encontró fue mi mirada desconcertada intentando entrar en su cabeza. ¿Porque le parecía todo tan sencillo, cuando para mi era la situación más compleja e incomprensible que había vivido ? ¿Pretendía que me levantara feliz y lo siguiera a...a...?
-¿A alimentarme de que?- Le pregunté, sin tan siquiera pensarlo y adivinando la respuesta.
-En este momento, no te vendría mal creer un poco las “Tenebrosas historias de vampiros”. – Enunció irónico, marcando, con un tétrico énfasis, sus últimas palabras, y siguió más serio diciendo- La sangre es el único alimento que te dará fuerza. Cualquier otra cosa que comas será, como el aire que respiras, innecesario.-
Finalmente se levantó y me ordenó firmemente que me levantara y lo acompañara.
-¿A donde?- Le pregunté.
-Solo sígueme.- Concluyó, dando por cerrada la charla.
Tras observarlo unos instantes me levanté, evitando su ayuda y lo miré, manifestando así mi conformidad. Él giró sobre sus pies y comenzó a caminar.
Cuando casi llegamos a nuestro destino, él comentó de la forma más casual posible:
-Cuando te fuiste, yo le pedí a un compañero que busqué alimento, pues sabía que volverías. En cuanto te alimentes, podremos hablar de todo lo que te preocupa.
Me incliné para mirar delante suyo y vi a un hombre sensiblemente más alto que Thomas. Tenía las mismas proporciones perfectas que su compañero. Una larga y negra cabellera, que le daba un aspecto resuelto y natural, envolvía su cara seria y misteriosa. Sus ojos claros me escrutaron sutilmente y tras hecharle una mirada complice a Thomas se volvió para investigar algún detalle en sus manos que repentinamente llamó su atención.
No hizo ningún otro gesto, ninguna otra señal, no pronunció ninguna palabra a nuestra llegada, y mantuvo su postura, inmóvil y relajada, apoyado en el árbol.
Enfrente de él, había un hombre tendido en el suelo, inconsciente. Su cara estaba hundida entre las hojas y sus miembros reposaban en incómodas posiciones. Parecía muerto, pero yo podía sentir el débil latido de su corazón y las vibraciones, que al respirar, producían las hojas amontonadas cerca de su cara. También sentí nuevamente ese olor embriagador y sugerente, esa dulce acidez. Era mi comida. Ese hombre debía morir para que yo viviese. Yo, debía matarlo, beber su vida. De no haberlo hecho hubiera muerto.
Thomas se había sentado, estaba recostado contra el tronco de un árbol de la misma forma que lo estaba cuando desperté, y me miraba pensativo y silencioso.
Su compañero, que se había alejado de la escena, desvió la mirada, que mantenía fija en Thomas, como si estuviera intentando leer su mente, y me miró fijamente a los ojos cuando yo volteé mi cabeza hacía él. Rápidamente me giré y volví a mirar el cuerpo de aquel desconocido. Me acerqué a él, lentamente, y me arrodillé a su lado, mis rodillas casi tocaban su brazo. Observé la inerte figura, que con tan injusta suerte había llegado hasta allí, lamenté su infortunio, me compadecí de él primero y luego de mi. Un monstruo que debía matar para vivir.
Bebí su sangre, sorbí toda su vida. Cuando acabé, contemplé, a través de la pantalla borrosa que crearon mis lágrimas silenciosas, el cuerpo muerto, seco y pálido de aquel completo desconocido, cuya muerte había significado mi vida.
Lloré encima de las hojas, compartiendo lecho con el dueño verdadero de la sangre que corría por mis venas.
Recreé la increíble y única sensación que me invadió mientras lo mataba, me deleité con el recuerdo de la sangre y saboreé los restos de ese elixir rojo que quedaron alrededor de mi boca, sintiendome desdichada y sucia. Pero aún con el deseo de beber más, aún deseaba y deseo seguir bebiendo ese cálido y espeso líquido que alargó mi existencia.
Cansado de verme ovillada en el suelo, al lado del desconocido y pálido cuerpo, o simplemente cansado de esperar, Thomas se acercó a mi y me pidió que me levantará. Mi silencio, fue la respuesta. El me cargó en su hombro, con extrema facilidad, y comenzó a caminar mientras yo me revolvía, intentando zafarme de sus brazos. Cuando nos alejamos unos metros, la visión de aquel anónimo individuo atrajo mi atención y no pude evitar mirarlo, pidiendole disculpas dejé que Thomas cargara conmigo hasta que la lúgubre escena se ocultó entre los árboles.Sabiendo que mis fuerzas no serían suficientes, le ordené que me soltara, él me dejo caer.
Lo observé sentada en el suelo. Nuevamente las grietas en su cuerpo llamaron mi atención. A la luz del mediodía los zurcos se veían con más intensidad. Sin dudarlo, le pregunté la causa de esas marcas. Me contó, que años atrás casi había muerto, estuvo semanas sin alimento y caminando en un desierto de tierra roja y piedras. Sobrevivió a esa situación gracias a un encuentro insospechado con con un hombre que rodaba en el árido desierto rojo, dos caballos tiraban del carro. Fue su salvación. Me contó que las marcas eran a causa de aquell tiempo, casi mortal, en el desierto y sin alimento.
No me explicó las razones que lo habían llevado hasta allí, pero yo no quise preguntar más. Además, deduje que un vampiro muere si no bebe sangre en un tiempo, y ese pensamiento me absorbió.