Hola a todos!!! Les cuento, llena de alegría, que he decidido crear una nueva categoría. Se llama: Mis delirios. En esta categoría archivaré relatos cortos, one-shots, de cualquier cosa, de temas diversos. Cosas que escribo en algún momento de "inspiración" y que me gustan lo suficiente como para subirlas aquí y mostrárselas a todo aquel que quiera leerlas. Espero que al menos les proporcione un amena lectura.
Y ahí va mi primer delirio, un texto que como veréis por la fecha es de hace unos cuaaaantos meses. La razón que lo escriba hoy aquí, es que por casualidad encontré este texto y lo leí nuevamente, justo un día antes de que volviera a ocurrir. Así que no me pareció mal subirlo hoy. |
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Domingo 27 de septiembre de 2009
Llevamos unas semanas con lluvia y mal tiempo. La llegada de septiembre cambió el clima.
Esta noche nos visita un tormenta salvaje, furiosa. La lluvia golpea con fuerza los objetos del jardín, que suman extraños sonidos a la incesante música del agua.
Súbitamente una luz ilumina el cielo, dejando ver, solo por un instante, unas inmensas y ajetreadas nubes que hierven en el infinito cielo. Tras su paso todo vuelve a su obscura normalidad.
En el falso silencio, únicamente creado por la ausencia de palabras, cuando infatigable recrea su música la orquesta del agua, he llegado a aguantar la respiración esperando el eléctrico bramar del rayo, que instantes antes pintó de un enérgico azul tanto el cielo como la tierra.
Solo la orquesta del agua se escucha, cuando el aullido de los rayos parte la noche. Ni los cánidos osan perturbar la melodía.
La energía que desprende tanto la lluvia como la fugaz luz que precede a la explosión, llenan de fuerza al ambiente, renuevan la energía.
Tanto tiempo hace que no nos visitaba tal comitiva, que me siento alegre y divertida con su presencia. Más de ocho años hace que no sentía nada igual, desde que me fui de mi tierra.
Me siento encantada con su compañía, y asombrada con su fuerza.
Martes 29 de septiembre de 2009
La lluvia no se quiere ir, aunque ya no muestra la fuerza de los días anteriores. Mas los rayos y los truenos han decidido dejarnos, una lastima, pues me alegra su compañía.
Los débiles sonidos del agua escurriéndose por los rincones y cayendo inerte desde los puntos elevados, infunden calma a la tarde.
Es una verdadera lástima que las lluvias ibicencas tengan una fuerza tan sumamente precaria. Deseo volver a sentir los enérgicos acordes de las noches anteriores, me gusta sentir como el poder de la tormenta sacude la isla, paralizandola, haciéndola primitiva, silenciosa.
La orquesta se fue hoy, y ya la extraño.
Terminan aquí mis delirios de hoy. Pero seguiré subiendo más, pues nunca se acaban.
Un saludo bien grande a todos los que me lean (tanto a los visitantes invisibles como a los que dejan su huella al pasar).