Densamente navegaban en los cielos espumas grises y sombrías. Perdíanse, incalculables, tras un horizonte oscuro, difuminado entre la distancia y la noche. Rompían, bajo la espuma, olas revueltas, casi con vida. Dolorosos estruendos resonaban impetuosos contra barreras de roca de inalcanzables cimas. Silbaban las voces del viento.
Morían las olas entre la arena y la espesura, donde los maderos lamentaban la escora, sordamente sacudidos, golpeados. Señal, indicio, huella, recuerdo.
Alzandose cual monstruos, inmensos arboles se cernían sobre la playa. La espesa, húmeda y salada oscuridad se mezclaba con plantas y troncos, formando un escenario sombrío, inhóspito, fuerte,... Respiraba aquel lugar expandiendo el hablar de las bestías, susurros misteriosos que exhalaba el bosque tropical. Cargaba el azote invisible contra ruidosas y flexibles arboladuras, que se revolvían incómodas batiendose.
El primer acero rasgaba el vivo entrelazado natural, dando paso a la comitiva.Pasos inciertos, sudorosos y sufridos; El oído, puesto a prueba, confundido, interponía los sonidos. Las miradas alteradas se perdían entre los troncos, buscando en las sombras reflejos o ruidos. Sentían los unos la entrecoratada respiración de los otros, sentíanse los miedos llorando sudor y lagrimas,...