Rompieronse oscuros cristales contra el suelo de piedra. Reflejos naranjas, o dorados, se esparcieron frente al fuego.
Ya no había nada.
Todo permaneció en silencio, todo en blanco, dispuesto. Todo, esperando el nuevo comenzar, el nuevo camino, que curiosamente, fue y es el mismo de antes, el que siempre fue.
Vislumbrada la claridad solo quedaba romper el engaño, quitar el velo sombrío que cubría lo que ya no existe, lo que se ha transformado.
"Conocete a ti mismo", dicen.
Sólo quedó el fuego, los destellos de la oscuridad y yo.